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Bioingeniería y paisaje
Soluciones ejecutivas y asesoramiento
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Las plantas y la bioingeniería del paisaje
En nuestros ríos y humedales encontramos plantas herbáceas con unas propiedades muy especiales debido a su adaptación a zonas altamente dinámicas: avenidas, sequías, transporte de sedimentos, etc. Clásicamente se han utilizado árboles y arbustos de ribera (sauces, alisos, etc.) para estabilizar márgenes de ríos pero estos, para ser efectivos, necesitan unos requerimientos mínimos de humedad difíciles de alcanzar en el ámbito mediterráneo. Nos referimos a las técnicas de estabilización con material vivo o ingeniería naturalística que se basan en la utilización de material vivo: estaca, plantación, entramados, fajinas, etc. Además de la humedad, otro límite para estas técnicas en zonas de alta presión demográfica es que el desarrollo de los árboles en cauces estrechados artificialmente puede ser problemático en caso de avenidas.

Por tanto la bioingeniería del paisaje, sin descartar el recurso de las plantaciones de árboles y arbustos en determinados casos y circunstancias, opta prioritariamente por el uso de las herbáceas como forma más rápida de estabilización.

Una vez que tenemos el escenario de nuestra restauración estabilizado es posible plantear las plantaciones en función de las características del medio, del proyecto y de la viabilidad de su mantenimiento.

La bioingeniería del paisaje aplicada a ríos viene introduciendo la utilización de herbáceas desde finales del siglo XX.
Entre las plantas que se vienen usando con más frecuencia se encuentran el lirio amarillo (Iris pseudacorus), el carrizo (Phragmites australis), el junco boval (Scirpus holoschoenus), resistente a sequías pero también a avenidas, el junco (Juncus acutus), resistente a la salinidad, Carex pendula, Carex vulpina, Claudium mariscum, las espadañas (Typha sp), etc. Existen en la península más de 30 especies con propiedades de interés aplicables a problemas ambientales y estructurales y quedan muchas con las que experimentar y trabajar en el futuro.

Estas plantas tienen propiedades que las hacen idóneas para trabajar con ellas en bioingeniería fluvial. En el caso del lirio, por ejemplo, se clava literalmente en el suelo con una raíz pivotante, que llega a más de dos metros de largo, y se pliega completamente al paso de una avenida para que no pueda ser arrancada. Su sistema de implantación resulta muy interesante, pues la introducción estratégica de esta especie puede resultar más rentable, en todos los sentidos, que una escollera. Además, esta planta no solo puede aguantar el paso de una avenida sin ser afectada sino que puede estructurar la base de un margen fluvial e impedir que el agua arranque otras especies de carácter tapizante (por ejemplo, la introducción de esta especie en el frontal en los humedales de carrizo para una depuración terciaria en el río Besos ha impedido muchos arranques). Por otra parte, al tratarse de una especie que en aguas eutróficas, a las cuales es muy resistente, puede llegar a crear unas hojas de casi dos metros, al doblarse dichas hojas protegen también el suelo.

Otro ejemplo es el carrizo (Phragmites australis). Se trata de otra herbácea interesante que actúa de forma tapizante combinando una resistencia aceptable junto con una gran capacidad indirecta para la depuración de aguas. La asociación de las bacterias que actúan en la descomposición orgánica, en simbiosis con sus rizomas, es un sistema natural muy efectivo. Las mismas bacterias que se utilizan en las depuradoras convencionales de aguas para el tratamiento biológico, lo que se conoce como una sopa de bacterias, viven asociadas al carrizo. Esta especie protege a los microorganismos de los cambios ambientales que pueden ser letales y crea una estructura estable.

En unas balsas de tratamiento terciario en Can Cabanyes, en Granollers (Barcelona), solo con el efecto del carrizo y la enea se disminuyen el nitrógeno amoniacal de 38,46 a menos de 1 mgN/l y la DBO5 de 43,66 a 7,75 mgO2/l entre el agua de salida y entrada. Por otro lado, cabe destacar que esta especie puede resistir tanto un intenso estiaje en verano como la vida sumergida a medio metro de profundidad.
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